Educación de calidad

La tecnología en la educación, por Lic. Carlos Eduardo Masís Acosta

Muy buenos días. Estimados compañeros de la mesa, legisladores y legisladoras, señores diputados.

Con todo respeto hago mención a dos mentores, a doña María Eiugenia Dengo que fue mentora mía en la Facultada de Educación de la Universidad de Costa Rica y a don Roberto Villalobos quien me soportó en los primeros pasos que daba en el Instituto Tecnológico cuando era Rector de esa Institución. Amigos y amigas, queridos compañeros, señores y señoras. Yo deseo adscribirme a esta participación con dos aspectos que considero importantes en la misma. Uno es, el no perder de vista que es un foro; por lo tanto, abierto a las diversas opiniones y el otro aspecto, denunciar lo que no me parece correcto. En cuanto al tema concreto de mi exposición “Tecnología en la Enseñanza” deseo usar el planteamiento de Sir Francis Baicon cuando afirma que “la verdad surge más fácilmente del error que de la confusión” de eso que no tenga miedo de equivocarme para que de ese error ustedes saquen conclusiones verdaderas. Cuando uno es invitado a un evento de tal importancia y siguiendo los apostolados teóricos que aprendemos en los libros que nos hablan de la preparación de exposiciones o discursos en donde se dice que se debe comenzar con un relato de ficción o real para acaparar desde el primer momento el interés del auditorio, pues la realidad es que no me había preocupado en ese sentido, sin embargo hoy en la mañana cuando acomodaba unos periódicos de días pasados prácticamente brincó a mis manos uno que destacaba el hecho de que en algunas escuelas los niños recibían únicamente tres horas de clase y me dije ¡hombre aquí está la oportunidad de hacerle caso a los libros! Y claro que lo traigo a colación porque si tuviésemos todo el apoyo de recursos tecnológicos, informáticos y capacitación para atender en este caso el sistema educativo público, formal costarricense, perderíamos el tiempo, el dinero y la paciencia posiblemente mientras no atendamos una cantidad de variables que afectan la raíz del mismo, como es el de niños que reciben únicamente tres horas de lecciones, sin que esto signifique la aceptación de la idea de que a mayor cantidad de horas lectivas, mejores aprendizajes, como se quiere creer a veces. No es necesario convencer de la importancia de la incorporación de la tecnología a los procesos de la enseñanza, posiblemente todos estemos convencidos de sus bondades, de lo que sí nos tenemos que poner de acuerdo es de la forma en que se dé su incorporación; las condiciones de inserción, tener claros los cambios necesarios a todo nivel para tener resultados positivos, el impacto social, económico, político y cultural de su incorporación, preverlos, trabajarlos, controlarlos en función de los mejores intereses para nuestro país, para nuestra población; puesto que a pesar de sus virtudes, de las virtudes del desarrollo científico - tecnológico y las posibilidades que se tienen de usarlo en el proceso enseñanza – aprendizaje, no olvidemos que en su base y directamente dependen de factores comerciales, económicos y políticos, porque igual que sucedió con la radio, televisión, el cine, que resolvieron problemas anteriores, crearon otros, igual la tecnología. El problema es que tendemos en la mayoría de los casos a omitir el segundo aspecto. Las nuevas tecnologías aplicables a la enseñanza que han ampliado las relaciones sociales, el correo electrónico, los intercambios de ideas, los foros de discusión, las video - conferencias, al acceso a grandes cantidades de información, han generado paralelamente un analfabetismo tecnológico que suponen la exclusión de muchos sectores de la población, entonces, ¡ojo!. He ahí el cuidado de alimentar en forma inconsciente un elemento más de exclusión social, igual que los pueblos, que los individuos, los pueblos no tienen hoy día un acceso igualitario a las tecnologías de la información, lo que produce grandes brechas que no veo la manera a corto plazo de disminuirlo. Una adopción irreflexiva de las nuevas tecnologías podría llevar a una deshumanización en las relaciones sociales, pérdida de la identidad cultural, desigualdades cada vez mayores en el acceso y permanencia de la educación formal, otra variable más de la brecha entre ricos y pobres. Si deseamos aportar acciones concretas para evitar esta situación, una forma sería preparar a los estudiantes, a los receptores, a los usuarios a adoptar un papel crítico, creativo, reflexivo, ético hacia la invasión que suponen las tecnologías y estos aspectos no lo logramos llenándonos con ciencia y tecnología y reflexión. Dos señoras diputadas mencionaron aquí que el producto de lo que se dedica en Estados Unidos a la educación el es 7% del PIB, que debe ser una cantidad astronómica de dinero, esa misma cantidad astronómica de dinero si la tuviésemos que aplicar aquí en Costa Rica, sin cambiar los fundamentos, sin cambiar las estructuras, sin cambiar los procesos, sin cambiar las políticas y las normas que rigen hoy día el sistema educativo, posiblemente se perderían, se irían por el caño. Siendo entonces que es la educación y no la tecnología, el principio, la meta más eficaz con que contamos para minimizar los riesgos que hemos apuntado, debemos ponerla a ella en primera instancia. ¡Atención! No nos engolosinemos introduciendo a lo loco ciencia y tecnología, porque es más fácil hacer eso, porque se trata sólo dinero, que plantear la ideología, los fundamentos, las políticas que sustentan nuestro régimen educativo. Porque en principio la incompetencia no es un problema de manejo de la tecnología sino de las incompetencias del usuario para asumir una actitud crítica, reflexiva y creativa frente a la máquina, de los contenidos, procesos de pensamiento y valores que impulse y logre enseñar el sistema educativo formal. Si caemos en la tentación de reducir la educación a una dimensión tecnológica, únicamente estaríamos olvidando la dimensión social, cultural y humana que ésta tiene por antonomasia y que debe sobrepasar lo tecnológico y lo científico. Hay que concentrarse hasta que duela como decía la Madre Teresa en estrategias que consoliden el uso competente, equitativo y solidario de las nuevas tecnologías. Cada uno de los conceptos y significados involucrados en esta presentación por sí mismos son complejos, amplios y de un gran dinamismo sin hablar de la conjunción de saberes, pensamientos, valores a tomar en cuenta en la sinergia que los dinamisa hacia los fines sociales trascendentales. Hoy día la tecnología afecta sustancialmente el tiempo y el espacio, con estos los procesos de comunicación y en consecuencia el desarrollo social, provoca que las relaciones de autonomía, organización y velocidad de cambio se vean asimismo ampliamente afectados, ya que por sí mismos son símbolos de libertad y al mismo tiempo de capacidad y Reorganizar ese tiempo y espacio, son elementos esenciales de insumo imprescindible de los procesos educativos. Otro aspecto de vital importancia en la lógica de este nuevo paradigma es que la tecnología riñe con la improvisación, con el corto placismo, con la falta de rigurosidad, con la indisciplina, la mediocridad y la indolencia. El mismo objeto de estudio que se impone sobre una expresión sociológica y tal vez hasta antropológica que tiende a provocar grandes cambios en la manera en que se organizan y expresan, las empresas sociales y entre ellas la educación. Esto es que el mismo objeto de estudio que nos ocupa: la ciencia y la tecnología, debería servirnos como referencia en su rigurosidad, en su disciplina, en su normativa, en su jerarquización, en sus procesos de desarrollo, de pensamiento, de criticidad, de creatividad como reflejo para modificar el quehacer educativo. Estas consideraciones obligan a un pensamiento más científico, más profesional y ético de lo que hemos venido trabajando hasta ahora en el ámbito de la educación.

1971, 1972, yo era miembro de la Junta Directiva de Estudiantes de la Facultad de Educación y se nos invitó a la Asamblea Legislativa a una Comisión que estaba trabajando en el campo de la educación y entonces yo recuerdo que los problemas, que los planteos, que los marcos referenciales que teníamos eran muy semejantes a los que tenemos hoy día: La UNESCO haciendo un esfuerzo gigante par provocar un cambio en la educación. Teníamos un documento que se llamaba Aprender a Ser de la UNESCO, teníamos un librito que se llamaba la Costa Rica del año 2000 en donde preclaro educadores mencionaban cómo debía ser la educación en el año 2000.
Teníamos todo un marco de referencia, estaba de moda con mucha fuerza Pablo Freire denunciando un tipo de educación bancanria, enagenante, castrante y alienante. Treinta y pico años después, desde mi perspectiva, seguimos o igual o peor. Posiblemente incluyeron Inglés, en los currícula, posiblemente incluyeron Computación pero ¿la formación integral del hombre? Seguimos igual o peor; algo pasa, algo estamos todos, políticos y educadores, algo estamos haciendo mal o algo no nos permite hacer el bien, por el riesgo que implica una educación diferente, una educación comprometida, una educación creativa. Yo desearía plantear esto que al margen deseo señalar, que ojalá que cuando se piense en cambios significativos en la educación, se asesoren con los educadores que están luchando en las trincheras, que están viviendo las contradicciones entre el decir y el hacer, que no asisten a Congresos Mundiales de Educación, que no asisten a reuniones o simposios de la UNESCO, que no tienen vínculos políticos o intereses mezquinos, que los obliguen a torcer la realidad. Finalmente para terminar, habría que implementar otras acciones. Dentro de ellas, para modificar este estado de cosas necesitamos en primero lugar, decisiones políticas, que replanteen la actual forma en que se organiza y trabaja el sistema educativo costarricense. Si pensamos que el problema de la educación costarricense es un problema de currículo, un problema de pedagogía, es mentira; el problema de la educación costarricense en primera instancia es un problema político, entonces no nos engañemos queridos educadores.
Necesitamos mentes abiertas, progresistas, estudiosas, de pensamiento riguroso, valientes y sigilosos en los puestos de dirección de la educación costarricense, llámese puestos claves en el Ministerio de Educación.