Educación en Derechos Humanos, por Dra. Ana María Rodino Pierri
Pertinencia del tema en la discusión sobre la calidad de la educación nacional.
Quiero agradecer doblemente a los organizadores de esta actividad, tanto por la importante iniciativa de poner a discusión el tema de la calidad de la educación, como por la invitación cursada al Instituto Interamericano de Derechos Humanos para participar de ella.
Traer a este debate la perspectiva de la educación en derechos humanos y democracia (EDH) es muy pertinente, desde varios puntos de vista.
Por
un lado, porque la calidad está asociada a:
1. Hacer efectivo el derecho a la educación a todos los habitantes
del país en condiciones de igualdad. (Cualquier política pública
en materia educativa, para ser buena y eficaz, debe responder al trinomio
inseparable: cobertura, equidad, calidad.) e
2. Incorporar en los fines, los contenidos y la práctica de la educación
de niños, y de los jóvenes el ideario de los DDHH,
Por otro lado, considerar la EDH en este debate es consecuente con el rol pionero y la larga tradición de Costa Rica en materia de defensa y promoción de los DDHH, también expresada en la temprana preocupación por introducirlos en la formación sistemática de niños y jóvenes. Esta preocupación está plasmada de manera explícita en la normativa nacional sobre educación, en los lineamientos que orientan el currículum y en los programas de estudio de nivel primario y secundario. Estamos frente a una política de Estado muy clara al respecto.
Por último, me parece importante—mejor diría, indispensable—discutir la perspectiva de la EDH en el preciso momento actual, cuando la educación nacional es objeto de numerosos cuestionamientos—uno de ellos, su aparente insuficiencia para formar en valores éticos básicos para la convivencia respetuosa en comunidad. (Pienso, por ejemplo, en las reacciones públicas ante varios casos recientes de violencia intraescolar que hoy afligen por igual a educadores, padres, autoridades educativas y políticas y ciudadanos en general. (Aunque debo aclarar que los cuestionamientos a la educación no se limitan al caso nacional, sino que están presentes en prácticamente todos los países del continente).
Por
todas estas razones, tiene mucho sentido hablar de EDH para contribuir a la
calidad de la educación de nuestros niños y jóvenes.
La educación en derechos humanos y democracia: consenso internacional
Hace 52 años, los países del mundo tomaron un acuerdo transcendental. Recogiendo lecciones del pensamiento y de luchas históricas de la humanidad, reconocieron las normas básicas de la convivencia pacífica, justa y solidaria entre las personas–los derechos humanos—, y los principios de aquella forma de organización social que mejor podía garantizarlos—la democracia. Definieron su acuerdo como “el ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse” y señalaron que el camino para alcanzarlo es “la enseñanza y la educación”. Ese acuerdo fue la Declaración Universal de los Derechos Humanos, promulgada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948.
La Asamblea General
Proclama
la presente Declaración Universal de Derechos Humanos como ideal común
por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto
los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente
en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el
respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas
de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación
universales y efectivos...
Art. 26:
La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos; y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.
De aquí nació un concepto que desde entonces ha ido ganando
fuerza a lo largo y ancho del planeta: la EDH o, para decirlo de manera más
completa, Educación en y para los Derechos Humanos y la Democracia,
Los conceptos de democracia y derechos humanos están íntimamente unidos. La teoría y la experiencia histórica nos demuestran que sólo en un Estado de derecho democrático es posible que se reconozcan los principios de derechos humanos: sólo puede calificarse a una sociedad de democrática cuando en ella se respetan tales derechos. Y esto no se refiere únicamente a su vigencia jurídica, sino también a su realización efectiva en la cotidianeidad. Porque la democracia es mucho más que una doctrina de acción política; es un modo y una cultura de vida.
El
consenso transparente y rotundo de la Declaración Universal fue reiterado
por las naciones del mundo en los años siguientes y se fue ampliando
y profundizando:
· En muchos otros instrumentos de derechos humanos posteriores, internacionales
y de la región americana (por ej., la Declaración de los derechos
del niño (1959), la Convención internacional sobre la eliminación
de todas las formas de discriminación racial (1965); el Pacto internacional
de derechos económicos, sociales y culturales (1966); la Convención
sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra
la mujer (1979); el Protocolo adicional a la Convención americana sobre
derechos humanos en materia de derechos económicos, sociales y culturales
o Protocolo de San Salvador (1988) y la Convención sobre los derechos
del niño (1989), entre otros );
· En declaraciones y resoluciones de organismos internacionales como
las Naciones Unidas y la UNESCO, y regionales como la OEA;
· En conferencias mundiales especializadas (Viena, 1978; Malta, 1987;
Montreal y Viena, 1993; Geneva, 1994; Copenhagen y Beijin, 1995; Durbam, 2001),
y
· En encuentros regionales de líderes políticos (en nuestro
continente, las Cumbres de Jefes de Estado, en especial la I Cumbre de las
Américas, Miami, 1994, y los encuentros de Ministros de Educación,
en particular la VII Conferencia Iberoamericana de Educación, Mérida,
1997).
Hoy existe un sólido consenso mundial sobre la necesidad y la importancia de educar para los derechos humanos, y su correlato organizativo, la democracia. Y, también, sobre la responsabilidad de los Estados en implementar tal educación para todos sus habitantes.
Los acuerdos citados no son sólo una expresión de buenos deseos—como un hermoso sueño de libertad, igualdad y fraternidad que fuera la contraimagen platónica de los autoritarismos, inequidades y exclusiones que siguen golpeando a grandes poblaciones en el mundo real. Estos acuerdos son compromisos asumidos por los estados ante la comunidad de las naciones y llevan consigo la obligación de avanzar hacia su cumplimiento.
Con el desarrollo histórico y doctrinario del último medio siglo, la EDH ha ganado reconocimiento como un derecho en sí mismo: el derecho a ser educado en derechos, a ser educado como sujeto de derechos. Razón de más, entonces, para subrayar como contrapartida necesaria, el deber de los Estados de implementarla en forma masiva y sistemática.
La
lógica que sustenta esta concepción es simple pero poderosa.
Las libertades fundamentales, los derechos humanos y los principios y normas
de la democracia sólo pueden observarse y protegerse si se conocen.
Y si se conocen, se interiorizan y se practican por parte de todas las personas,
no solamente por grupos esclarecidos de gobernantes, académicos o activistas.